El tren que Bolivia espera 100 años, sin financiamiento, pero con “interesados ocultos”
Lo esencial: El tramo ferroviario Aiquile-Santa Cruz, diseñado para enlazar las dos redes ferroviarias de Bolivia y concretar un corredor bioceánico sudamericano, vuelve a la agenda pública tras casi un siglo de espera, aún sin financiamiento definido pero con “interesados escondidos” tras el telón.
Por qué importa: La conexión ferroviaria reduciría los costos logísticos internos, que hoy representan el 18,5% del valor del producto, y convertiría a Bolivia en un “hub logístico” estratégico entre Brasil y los puertos del Pacífico.
- Sin este corredor internacional de comercio global, el proyecto carece de viabilidad económica; su rentabilidad depende de servir como puente geográfico para el tránsito de carga entre el Atlántico y el Pacífico.
Lo que cambió en esta cumbre: A diferencia de encuentros anteriores enfocados en anuncios de megaproyectos puntuales, la cumbre del miércoles en Santa Cruz marcó un cambio de enfoque institucional.
- Se trató la definición de la primera política ferroviaria formal del país, la creación de una hoja de ruta estratégica y el anuncio de un diagnóstico técnico financiado por la CAF.
- No se anunciaron montos específicos de inversión, no se aprobaron créditos de construcción ni se firmaron contratos de ejecución de obras.
Un siglo de fracasos: El proyecto ha atravesado casi un siglo de intentos fallidos y cambios de prioridades gubernamentales.
- 1928: Se inicia el proyecto ferroviario Cochabamba-Santa Cruz para integrar el país, pero queda inconcluso.
- 1940-1950: El Estado boliviano decide priorizar la construcción de carreteras sobre el ferrocarril.
- 1972-1976: Bolivia y Brasil acuerdan corredores bioceánicos y se definen estudios técnicos para la ruta Aiquile-Santa Cruz.
- Años 90: Organismos internacionales (JICA, empresas de EEUU y Canadá) confirman la viabilidad técnica mediante estudios de factibilidad.
- 2026: Se retoma el proyecto con la idea de convertirla en política de Estado.
Por qué nunca se materializó: A pesar de las buenas intenciones, los obstáculos han sido persistentes a lo largo de las décadas.
- Prioridad vial: Desde mediados del siglo XX, el país apostó por las carreteras (más baratas y rápidas) en detrimento de la ferrovía.
- Geografía extrema: El tramo exige bajar de los Andes a los llanos con desniveles de hasta 2.000 metros, requiriendo decenas de túneles y viaductos.
- Falta de capital: Bolivia nunca tuvo la capacidad de financiar sola una obra de esta magnitud.
- Inestabilidad institucional: Cambios de gobierno y de modelos económicos impidieron una política ferroviaria sostenida.
Los números: Las cifras del proyecto revelan la magnitud de la inversión requerida y las brechas de financiamiento actuales.
- Costo histórico referencial: aproximadamente 1.000 millones de dólares.
- Costo actualizado estimado: entre 1.200 y 1.500 millones de dólares.
- Costo de estudios necesarios: entre 20 y 50 millones de dólares (2% a 5% del valor total).
- Financiamiento actual: solo existe apoyo de la CAF para el diagnóstico inicial y asistencia técnica del BID.
- El capital para la obra gruesa debe gestionarse mediante créditos externos o alianzas público-privadas.
Las alternativas de tramos: Existen diversas rutas analizadas, pero una destaca por su madurez técnica como la opción histórica más viable.
- Aiquile-Vallegrande-Mataral (histórica/más viable): Es la más estudiada y aprovecha la infraestructura existente en ambos extremos, aunque requiere gran cantidad de túneles y viaductos.
- Variante Chapare (Villa Tunari): Presenta pendientes más suaves, pero atraviesa selva inestable con riesgo de inundaciones, complicando su mantenimiento.
- Eje Mataral (carretera antigua): Sigue el corredor económico actual, pero enfrenta una geografía muy accidentada.
Los actores “escondidos”: Detrás del proyecto se configura un entramado de intereses regionales y globales que trascienden las fronteras bolivianas; estos actores no ven el tramo como un proyecto de Bolivia, sino como un corredor regional.
- Brasil es el más interesado por su necesidad de una ruta eficiente hacia Asia para su agroindustria, evitando el Canal de Panamá.
- China es potencial financiador y constructor; busca asegurar rutas para materias primas y exportar su tecnología ferroviaria.
- CAF y BID actúan como estructuradores técnicos y financieros para dar “bancabilidad” al proyecto.
- Chile y Perú compiten por ser el destino final de la carga brasileña en sus puertos del Pacífico.
- Bolivia es el nodo central que debe garantizar la estabilidad política y el marco legal para atraer la inversión.
Escenarios futuros: El proyecto ha vuelto, pero su despegue real dependerá de las condiciones de financiamiento y la presión de actores externos.
- Escenario optimista (de 8 a 12 años): Si Brasil presiona y entra financiamiento privado masivo, los estudios podrían completarse hasta 2030 y la ferrovía operaría hacia 2035.
- Escenario medio (de 10 a 20 años): El más probable; implica terminar los estudios y estructurar créditos lentamente, operando entre 2038 y 2045.
- Escenario pesimista (indefinido): El proyecto se estanca nuevamente en la fase de estudios o diagnósticos sin asegurar la inversión.
La conclusión: El tren que uniría a Bolivia tras un siglo de fragmentación ha regresado a la agenda, pero la falta de una “caja fuerte” abierta mantiene la obra en una fase conceptual y técnica de gran relevancia, aún sin fecha de inicio de obras.
