Escudo de la Américas
El presidente Donald J. Trump con líderes de América Latina en la Cumbre del Escudo de las Américas. | Foto: La Casa Blanca

Trump relanza su estrategia hemisférica desde Miami

El Post

Lo esencial: La cumbre “Escudo de la Américas” convocada por el presidente Trump reuniendo a una docena de mandatarios latinoamericanos —incluido Bolivia— perfila una coalición regional que va más allá de abordar temas de seguridad y cooperación militar contra el narcotráfico.

Por qué importa: La iniciativa busca reordenar las alianzas de Washington en el hemisferio y recuperar protagonismo frente al avance de China, Rusia e Irán en la región.

  • Para países como Bolivia, históricamente en el centro del debate sobre políticas antidrogas, cualquier cambio en la estrategia hemisférica —especialmente si implica mayor coordinación militar o policial— podría tener impacto directo en la región andina, donde operan importantes rutas del narcotráfico hacia mercados internacionales.

La coalición: El “Escudo de las Américas” se concibe como una alianza de cooperación militar y de inteligencia para enfrentar a los cárteles.

  • Los países participantes compartirían información estratégica, coordinarían operaciones y podrían solicitar apoyo mutuo para desmantelar redes criminales transnacionales.
  • Trump instó a los líderes a utilizar con mayor decisión las fuerzas armadas, afirmando que “la única forma de derrotar a estos enemigos es desatar el poder de nuestros militares”.
  • Para Washington, los cárteles representan no solo una amenaza criminal, sino un desafío estratégico para la seguridad del hemisferio.

Los asistentes: La cumbre reunió a líderes de Argentina, Ecuador, El Salvador, Paraguay, Panamá, Costa Rica, República Dominicana, Guyana, Honduras, Trinidad y Tobago, Chile —representado por su presidente electo— y Bolivia, entre otros.

  • Entre los asistentes predominaban gobiernos de derecha o centro derecha alineados con Washington.
  • Grandes potencias regionales como México, Brasil y Colombia no participaron en la reunión.

El factor China: Otro eje de la cumbre fue la creciente presencia de Beijing en América Latina. En las últimas dos décadas, China se ha convertido en socio comercial clave para varios países de la región y ha impulsado proyectos de infraestructura, energía y tecnología.

  • Ese avance ha generado preocupación en Washington, que considera a América Latina parte de su espacio estratégico tradicional.
  • La agenda incluyó la necesidad de contrarrestar la influencia económica y política de potencias como China, Rusia e Irán en el hemisferio occidental.

La narrativa de “narcoterrorismo”: La administración estadounidense ha vinculado el narcotráfico con redes de terrorismo internacional, un concepto conocido en Washington como “narcoterrorismo”.

  • Este enfoque busca conectar la lucha contra los cárteles latinoamericanos con la agenda global de seguridad de EEUU, que incluye tensiones con actores como Irán.
  • La cumbre se realizó pocos días después de que Washington intensificara su confrontación militar con Teherán, reforzando la idea de que la seguridad hemisférica forma parte de un tablero geopolítico más amplio.

Bolivia en el tablero: La participación boliviana abre espacios de diálogo no solo con EEUU sino con otros gobiernos del continente. La relación de Bolivia con Washington ha atravesado momentos de cooperación y tensión a lo largo de las últimas décadas, por lo que su presencia en esta cumbre no es un hecho menor.

Entre líneas: La ausencia de México, Brasil y Colombia refuerza la percepción de que el Escudo de las Américas podría funcionar inicialmente como una “coalición de aliados” más que como una iniciativa verdaderamente hemisférica.

  • Al vincular cárteles, terrorismo e influencia china, la administración Trump coloca a América Latina dentro de un tablero geopolítico global que ya no se juega solo en el continente.

La conclusión: La reunión de Miami sugiere que, para EEUU, la región vuelve a ocupar un lugar central en su estrategia internacional. La pregunta ahora es si esa nueva arquitectura de alianzas logrará consolidarse o si terminará reflejando, como ha ocurrido en otras ocasiones, las profundas divisiones políticas del continente.

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