Fernando Luo y Edman Lara
El ministro de la Presidencia, José Luis Lupi, tras su encuentro con el vicepresidente Edmand Lara. | Foto: Erbol

Decretos, encuestas, recortes y más señales del debilitamiento de Lara

El Post

Lo esencial: El vicepresidente Edmand Lara atraviesa un proceso de debilitamiento administrativo y político sistemático, marcado por decretos restrictivos, caída en encuestas, recortes institucionales y el alejamiento de aliados clave, aunque los analistas advierten que conserva capital simbólico de riesgo.

Por qué importa: La erosión institucional de la Vicepresidencia configura un escenario sin precedentes donde el segundo cargo del Estado opera en coordinación directa con el Ministerio de la Presidencia.

  • El accionar del Vicepresidente genera distracción política constante para el Gobierno de Paz, mientras Lara actúa como un “vicepresidente opositor” que desgasta la agenda presidencial desde adentro.
  • Este dilema ha obligado al Presidente a ejecutar recortes de atribuciones, presupuesto y personal en la Vicepresidencia.

Los decretos de centralización: El Ejecutivo implementó un cerco legal que despoja a la Vicepresidencia de sus atribuciones históricas mediante tres instrumentos normativos.

  • El DS 5503 centralizó las decisiones estructurales en el gabinete presidencial, dejando a Lara sin voz en la estrategia económica del país.
  • El DS 5515 permite al Presidente gobernar desde el exterior mediante medios digitales, eliminando la función constitucional simbólica de Lara como reemplazo interino en ausencia del Presidente.
  • El DS 5552 (el más importante) redujo la Vicepresidencia a solo dos unidades de asesoramiento legislativo, transfiriendo el resto de sus programas y presupuesto a otros ministerios (sobre todo al de la Presidencia).

El desgaste en las encuestas: La baja aprobación de Lara refleja una desconexión creciente con la ciudadanía, según mediciones de Ipsos Ciesmori.

  • Lara inició con una aprobación del 34%, cayó al 20% en enero y llegó a un mínimo del 18% en febrero de 2026.
  • El presidente Rodrigo Paz Pereira mantiene un 65% de aprobación, generando una brecha de 47 puntos que anula la capacidad de presión política del Vicepresidente.

Los recortes operativos: La estructura institucional de Lara ha sido reducida a su mínima expresión técnica, generando precariedad logística.

  • La Vicepresidencia perdió el control sobre sus canales de comunicación y su capacidad administrativa, pasando a depender logísticamente del ministro José Luis Lupo.
  • El propio Lara denunció restricciones en recursos básicos como personal técnico y combustible, lo que ha paralizado su gestión operativa.

El alejamiento de aliados: El círculo de confianza de Lara se ha desmoronado, dejándolo aislado políticamente tras la salida de figuras clave.

  • El alejamiento de Freddy Vidovic, exsecretario general y su abogado personal, por “diferencias de criterio” marcó una fractura crítica, perdiendo a su soporte técnico más cercano.
  • Ya antes se había alejado su primer asesor, Jaime Soliz (hoy, igual que Vidovic, crítico del Vicepresidente). Lara no logra retener a colaboradores clave para sostener una narrativa de unidad.

La búsqueda del Ejecutivo: Lara tuvo que buscar una reunión “cordial” con el ministro Lupo para solicitar personal y recursos básicos, formalizando su dependencia operativa del Ministerio de la Presidencia.

Sus propias declaraciones: Las palabras de Lara han reforzado la imagen de un vicepresidente sin mando efectivo.

  • Al afirmar “soy empleado de Lupo”, Lara reconoció implícitamente la inversión de la jerarquía política, donde un vicepresidente debe pedir recursos a un ministro.
  • Su frase “No me estoy humillando” al buscar diálogo con el Ejecutivo fue interpretada por analistas como una señal de desesperación ante la falta de recursos para operar.

Línea de tiempo de la erosión: El proceso de debilitamiento se desarrolló entre 2025 y 2026 en etapas sucesivas.

  • Inicio de gestión: Lara es visto como figura clave anticorrupción con alto capital mediático.
  • Finales de 2025: Surgen las primeras tensiones y críticas públicas de Lara hacia decisiones del gabinete.
  • Enero 2026: Aprobación de los decretos 5503 y 5515; inicia la centralización del mando económico y presidencial.
  • Febrero 2026: Entrada en vigor del DS 5552; recorte estructural definitivo de la Vicepresidencia.
  • Mediados de febrero 2026: Lara busca reunión con el ministro Lupo para solicitar personal y recursos básicos.
  • Actualidad: Consolidación de la caída en las encuestas al 18% y alejamiento formal de Freddy Vidovic.

Sí, pero: A pesar de su debilitamiento institucional, los analistas coinciden en que Lara no está “políticamente muerto” y conserva capacidades que lo mantienen como actor de riesgo.

  • Su dominio de redes sociales (TikTok) y su imagen antiburocracia le permiten amplificar cualquier “humillación institucional” como una injusticia mediática.
  • Conserva capacidad para movilizar nichos jóvenes o sectores sociales descontentos con el aparato estatal.

Qué dicen: Analistas políticos coinciden en señalar limitaciones en el perfil de Lara, aunque reconocen su potencial disruptivo.

  • “Lara es muy hostil, muy inmaduro… cree que esto es una cuestión de quién grita más; su lógica confrontativa debilita su posición”, afirmó Franklin Pareja, politólogo.
  • “Lara es una persona compleja… dice una cosa y termina con otra”, señaló Jaime Dunn, analista, apuntando a una falta de madurez institucional que reduce su credibilidad.
  • “No es solo hablar… hay que tener mucho cuidado”, sugirió Manfred Reyes Villa, indicando que la euforia política de Lara lo lleva a cometer errores estratégicos.
  • Natalia Aparicio, politóloga, señala que el ambiente de “desorden político” y conflictos internos debilita específicamente a figuras secundarias como el vicepresidente.

Qué sigue: 

  • Se espera que en las próximas jornadas se implementen los “enlaces técnicos” entre el Ministerio de la Presidencia y la Vicepresidencia, lo que terminará de formalizar la dependencia de Lara. 
  • La atención se centrará en si Lara intenta un reposicionamiento populista para convertir su baja aprobación en una bandera de lucha contra la “burocracia del gobierno”.

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