50-50: la apuesta de Paz choca con 41 leyes y dudas fiscales
El Post
Lo esencial: La redistribución fiscal “50/50”, activada por el presidente Rodrigo Paz este 2 de marzo, enfrenta un blindaje normativo de 41 disposiciones, tensiones políticas con Santa Cruz y nudos macroeconómicos que podrían postergar su aplicación plena hasta 2027.
- El proyecto busca transferir a gobernaciones, alcaldías y universidades públicas el control del 50% de los recursos y la inversión pública.
Por qué importa: La reforma pretende revertir un esquema donde el nivel central administra el 80% del Presupuesto General del Estado, permitiendo que las regiones dejen de ser ejecutoras subordinadas y asuman la gestión directa de áreas estratégicas como salud y educación.
El antecedente clave: La propuesta nació en 2025 como un “preacuerdo federal” con horizonte de transformación de 10 a 15 años. En campaña, Paz planteó desmontar un modelo donde el Estado central destina cerca de 60.000 millones de bolivianos a salud y educación y administra alrededor de 90.000 millones en empresas públicas, varias de ellas deficitarias.
- La primera traba fue presupuestaria: el PGE 2026 fue elaborado bajo el esquema anterior, y el ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, advirtió en diciembre que la redistribución no podía aplicarse de inmediato.
- El Ejecutivo pidió a la Asamblea Legislativa una “recalendarización” hasta febrero de 2026 para reformular el presupuesto y adecuar la Ley de Coparticipación Tributaria.
El blindaje normativo: El Comité pro Santa Cruz presentó una hoja de ruta que identifica 41 normas —24 leyes, 11 leyes orgánicas e institucionales y seis decretos supremos— que, a su juicio, consolidan el centralismo y deben ser modificadas o derogadas.
- Entre las leyes observadas figuran la Ley 1178 (Safco), la Ley 1407 de alineación al Plan de Desarrollo, la Ley 070 de Educación, las leyes 475 y 1152 del sistema de salud, y la Ley 3791 de la Renta Dignidad.
- También están normas vinculadas a minería, reforma agraria, sistema financiero, telecomunicaciones y planificación estatal.
- Decretos como el 29894 (estructura del Órgano Ejecutivo) y el 071 (autoridades de fiscalización) son señalados como interferencias en la gestión de los gobiernos subnacionales.
El quiebre político: La viceministra de Autonomías, Andrea Barrientos, cuestionó la expectativa de transferencia inmediata y señaló que el proceso podría durar desde “dos o tres días” hasta “diez años”, dependiendo de la complejidad normativa.
- El gobernador Luis Fernando Camacho suspendió la participación de la Gobernación de Santa Cruz en el Consejo Nacional de Autonomías mientras Barrientos permanezca en el cargo y exigió un Delegado Presidencial Autonómico.
- El Comité Cívico declaró a la viceministra “persona no grata”, y el excívico Branko Marinkovic planteó el cierre del Viceministerio de Autonomías, al que acusa de ejercer control político.
- Desde el oficialismo, sectores afines denunciaron que la viceministra enfrenta violencia política y una campaña de descontextualización en redes.
Qué dicen: El 18 de febrero pasado, la viceministra Barrientos declaró: “¿Qué piensan, que vamos a agarrar y darles el 50% de la plata a su cargo? No funciona así, señores”.
- El jueves 19 de febrero, la viceministra pidió disculpas y reconoció haber cometido un “error de comunicación” al referirse de esa manera a la redistribución de fondos.
La disputa electoral: A semanas de las elecciones subnacionales del 22 de marzo, el 50/50 se convirtió en eje de campaña. Paz se presenta como el articulador capaz de “llevar más recursos” a municipios y gobernaciones frente a una oposición fragmentada.
- En Santa Cruz, Guido Nayar (Primero Santa Cruz) radicalizó la propuesta: plantea elevar las regalías del 11% al 50%, gestionar bonos de carbono como ingreso futuro y eliminar el INRA en el departamento.
- Nayar acusa a la Gobernación actual de estar “quebrada”, con un déficit de 1.500 millones de bolivianos que, asegura, solo un nuevo pacto fiscal podría revertir.
Los nudos fiscales: Más allá del discurso político, el 50/50 enfrenta interrogantes estructurales sin resolver:
- No está claro si la redistribución abarcará el total del PGE o solo la coparticipación tributaria, IDH y regalías.
- El Tesoro General de la Nación debe seguir financiando deuda externa, defensa y programas sociales como la Renta Dignidad; operar con el 50% de los ingresos actuales exige redefinir responsabilidades.
- El Estado aún pierde millones de dólares anuales en subsidios a hidrocarburos, afectados además por contrabando y corrupción; sin reformar este gasto, el margen para redistribuir es limitado.
Las capacidades técnicas: Municipios pequeños carecen de estructura para asumir nuevas competencias.
- La reforma requiere ajustes complejos en el SIGEP y estudios actuariales que aún no han sido publicados.
Los números: El Presidente destacó la reducción del riesgo país de 1.200 a 700 puntos como señal de mayor certidumbre, pero subrayó que la transición debe ser gradual para no afectar la inversión.
Los escenarios hacia 2027: Los analistas proyectan tres posibles rutas para la implementación del modelo:
- Escenario optimista (abril-mayo 2026): Aplicación en el segundo trimestre mediante una ley corta de emergencia, sin litigios ante el Tribunal Constitucional.
- Escenario realista (mayo-agosto 2026): Implementación tras cinco a ocho meses de negociación interregional y ajustes técnicos.
- Escenario lento (2027): Postergación por falta de mayorías legislativas o conflictos con regiones clave como Santa Cruz.
Entre líneas: El modelo 50/50 combina una narrativa de soberanía regional con una exigencia de responsabilidad fiscal. Su éxito dependerá de equilibrar ambas dimensiones: transferir poder real sin comprometer la solvencia del Estado.
- Sin una hoja de ruta técnica robusta, estudios de impacto y la modificación efectiva del blindaje normativo, la descentralización podría quedar atrapada entre la disputa electoral y la fragilidad macroeconómica.
La conclusión: El desafío para el Gobierno no es solo redistribuir recursos, sino redefinir el pacto fiscal boliviano sin romper su estabilidad.
