Monitoreo RRSS
Ilustración: El Post

Fallida licitación de monitoreo de RRSS revive debate sobre libertad de expresión

El Post

Lo esencial: El intento del Gobierno para llevar adelante una licitación para un monitoreo de redes sociales en Bolivia revivió el intenso debate sobre los límites al control estatal de la información digital y generó preocupación sobre posible persecución política.

Por qué importa: La iniciativa generó preocupación sobre posible persecución política, en un contexto donde Bolivia registró al menos ocho intentos de regular las redes sociales entre 2016 y 2023.

La convocatoria: El Ministerio de la Presidencia convocó una licitación por 696.000 bolivianos para contratar un “Servicio de Monitoreo de Redes Sociales y Plataformas Digitales” con herramientas de Inteligencia Artificial y Big Data, pero la retiró tras generar alarmas.

El proceso de contratación CUCE 26-0025-00-1632531-1-1 buscaba dotar al Ejecutivo de capacidades específicas de monitoreo.

  • Precio referencial: 696.000 bolivianos (aproximadamente $us 100.000).
  • Plataformas a monitorear: Facebook, X, Instagram, YouTube y TikTok.
  • Capacidades exigidas: detectar picos de menciones negativas, identificar actores influyentes y anticipar crisis políticas o sociales con hasta 48 horas de antelación.

Qué dicen: El Gobierno defendió que buscaba “monitorear”, mas no “controlar”, mientras la oposición denunció riesgos de censura.

  • Ministerio de la Presidencia: La intención era mejorar la comunicación gubernamental y medir el impacto de las políticas públicas mediante “escucha social”, práctica habitual en gobiernos democráticos.
  • Diputada Claudia Herbas: Advirtió sobre el riesgo de persecución política y “espionaje digital”.
  • Senadora por Unidad, Soledad Chapetón: “Si es para controlar las redes sociales es algo que se debe rechazar de manera contundente”.
  • Diputada por Sumate, Claudia Mallón: cuestionó al Gobierno por licitar un contrato que costaría más de medio millón de bolivianos en contradicción al plan de austeridad. Además, es un atentado contra la libre expresión.
  • Marco Zelaya, periodista: “Cómo le vas a pagar Bs 700 mil a un “botón” o espía digital para que te diga quién o quiénes critican al Gobierno en las redes sociales. Eso hacían los masistas y si lo hace este Gobierno entonces nada ha cambiado”.

Antecedentes: Esta no es la primera iniciativa gubernamental relacionada con el control del espacio digital en los últimos años.

  • 2016-2023: Al menos ocho intentos de regular las redes tras eventos como el referéndum constitucional de 2016 y los conflictos de 2019.
  • 2024: Alerta por un borrador de decreto que pretendía transferir el control del Punto de Intercambio de Tráfico (PIT) al Gobierno.
  • 2025: Polémica por declaraciones sobre el uso de “tecnología de punta” para mejorar controles en redes sociales, posteriormente “aclarado” como plan de modernización institucional.

El rol del TSE: El Tribunal Supremo Electoral (TSE) ha solicitado normativas específicas para combatir la “guerra sucia” y la desinformación en periodos electorales, argumentando que las noticias falsas y los bots ponen en riesgo la credibilidad de los comicios.

  • Sin embargo, reconoce carecer actualmente de base legal para el control directo.

Sí, pero: El debate técnico sobre leyes de control digital presenta un dilema complejo con riesgos y beneficios potenciales.

  • Riesgos: Ambigüedad jurídica que permita catalogar críticas legítimas como “desinformación”, censura preventiva, concentración de poder y “efecto inhibidor” que lleve a la autocensura.
  • Beneficios potenciales: Reducir manipulación digital mediante bots, frenar campañas anónimas de desprestigio y fortalecer confianza ciudadana en procesos democráticos.

Qué sigue: Se espera que continúe el análisis sobre la necesidad de un marco legal para el entorno digital, especialmente con miras a las Elecciones Subnacionales 2026, mientras el debate sigue abierto entre la necesidad de proteger la integridad de la información y el derecho de los ciudadanos a expresarse libremente sin vigilancia estatal.

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