Burocracia estatal
Ilustración: El Post
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El Estado atrapado entre la burocracia y funcionarios heredados

El Post

Lo esencial: El aparato estatal boliviano, con más de 526.000 funcionarios, enfrenta un doble colapso: no puede atraer profesionales idóneos debido a barreras salariales y burocráticas extremas, y los que ingresan quedan paralizados por un sistema de 21 firmas y sellos que prioriza el proceso sobre los resultados.

Por qué importa: Este sistema disfuncional no sólo impide la renovación del personal público -manteniendo funcionarios de gestiones anteriores incluso con denuncias de sabotaje-, sino que anula cualquier capacidad de gestión eficiente en sectores estratégicos como gas, litio y electricidad.

El muro de entrada: La Oficina Técnica para el Fortalecimiento de la Empresa Pública (OFEP) identifica que el Estado se ha vuelto un “repelente” de profesionales por múltiples factores.

  • Trampa salarial: Las instituciones redujeron escalas salariales entre 50% y 60% antes de la transición de gobierno lo que hace poco atractiva la oferta salarial del sector público.
  • Andamiaje burocrático: Requisitos excesivos incluyen certificados de antecedentes penales, policiales, narcotráfico, cursos obligatorios de Ley SAFCO y exigencias de cursos obligatorios de idiomas nativos, entre otros trámites.
  • Riesgo legal: Los funcionarios son juzgados por procesos, no resultados, con posibilidad de procesos civiles o penales años después.

La parálisis interna: Incluso si el Estado contratara profesionales capaces, el sistema está diseñado para que no puedan ejecutar, según la OFEP que lo define como “papelocracia”.

  • El ritual de las 21 firmas: Un trámite administrativo estándar debe recolectar hasta 21 sellos para ser válido.
  • Papelbol: El papel reciclado estatal obligatorio es más caro y su polvillo daña las impresoras (un ejemplo práctico de este sistema).
  • Verticalismo: Los informes técnicos deben transitar cinco niveles jerárquicos desde el técnico hasta el Ministro lo que tarda mucho tiempo.

Entre líneas: La conexión entre ambos escenarios es perversa: el Estado crea la “papelocracia” porque no confía en la gente que contrata. Al tener un sistema de entrada defectuoso que no garantiza idoneidad técnica, la respuesta es multiplicar los controles y sellos, lo que ahuyenta aún más a los profesionales capaces.

Las consecuencias: Este doble muro genera efectos sistémicos graves para la gestión pública.

  • Al no poder atraer cuadros técnicos nuevos, el Estado mantiene personal de gestiones anteriores, elevando el riesgo de sabotaje interno como ocurre en casos reportados en YPFB.
  • El sistema castiga la proactividad: un funcionario que intenta acelerar un proceso se expone a sanciones por “saltar pasos”.
  • En un entorno industrial competitivo, el tiempo de espera mata cualquier agilidad comercial.

La propuesta de mejora: La OFEP ha elevado al Consejo Superior Estratégico de las Empresas Públicas.(COSEEP)  conformado por los ministros de la Presidencia, Planificación del Desarrollo y de Economía y Finanzas Públicas una “Nueva Visión” con tres pilares para romper este ciclo disfuncional.

  • Actualización de la ley 466: Normativa que hoy prioriza el control administrativo sobre la eficiencia.
  • Transparencia digital: Portal web para exponer datos reales y evitar que la información sea un “tesoro” burocrático.
  • Modernización del andamiaje: Reducir la tramitología para que las empresas estratégicas operen con lógica de mercado y no de ministerio.

La conclusión: El éxito de la OFEP no dependerá de cuántos datos publique en su nueva web, sino de su capacidad para desmantelar la cultura del sello; sin flexibilizar la entrada para el talento y simplificar la operación interna, las empresas estatales bolivianas seguirán siendo gigantes con pies de barro.

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