El riesgo país de Bolivia cae por debajo de los 600 puntos y mejora la percepción crediticia
Lo esencial: El riesgo país de Bolivia descendió por debajo de los 600 puntos, un nivel que no se registraba desde antes de la crisis cambiaria de 2023, según el indicador de JP Morgan.
- El Gobierno interpreta la caída como una señal de recuperación de la confianza internacional tras el cambio de administración y la llegada de Rodrigo Paz a la Presidencia.
Por qué importa: La reducción del riesgo país refuerza la percepción crediticia de Bolivia y es vista por el Ejecutivo como una muestra de que el país comienza a recuperar credibilidad ante los mercados internacionales, en un contexto marcado por la reciente crisis económica y el relevo en el Gobierno nacional.
- El indicador llegó a superar los 1.000 puntos durante los momentos más críticos de la crisis de escasez de dólares y combustibles.
Los hechos: La caída del riesgo país refleja una tendencia sostenida a la baja en los últimos meses, de acuerdo con datos oficiales y mediciones del mercado financiero.
- En noviembre del año pasado, el riesgo país se situaba en 854 puntos.
- Horas después de la posesión de Rodrigo Paz, el indicador cayó a 1.039 puntos, el nivel más bajo registrado en lo que iba del año 2025.
- El nivel actual es el más bajo desde antes de la crisis económica iniciada en 2023.
Qué dicen: Desde el Gobierno, el dato fue destacado como una señal positiva para la economía boliviana y su relación con los mercados.
- El ministro de Economía, José Gabriel Espinoza, afirmó que la baja del riesgo país refleja que Bolivia está “recuperando la confianza de los mercados y volviendo a integrarse al escenario económico internacional”.
Entre líneas: Analistas y economistas vinculan la mejora del indicador al cambio de Gobierno y al acercamiento del nuevo Ejecutivo con el sector empresarial, aunque advierten que el desafío es consolidar esa confianza con reformas estructurales que impulsen la inversión.
Qué sigue: Con el riesgo país en descenso, el Gobierno enfrenta el reto de convertir esta señal positiva en mayores flujos de inversión y crecimiento sostenido, en un escenario donde la estabilidad económica y la confianza internacional vuelven a ocupar un lugar central en el debate.
