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Bolivia paga el precio de los elefantes blancos del MAS

Lo esencial: Bolivia enfrenta en 2026 un quiebre económico por el colapso del modelo de industrialización estatal que dejó 67 empresas públicas con pérdidas superiores a 2.595 millones de dólares tras invertir 7.750 millones entre 2006 y 2024.

Por qué importa: El fracaso de las empresas estatales compromete la estabilidad fiscal del país con un déficit que alcanzó el 10% del PIB en 2024, mientras el Gobierno de Paz busca transparentar y reestructurar el sector público.

El modelo agotado: Durante los años de bonanza de materias primas (2006-2014), el Estado apostó por una industrialización de corte ideológico que priorizó la narrativa política y el simbolismo del cemento sobre los estudios de preinversión y la factibilidad de mercado.

  • Cerca del 28% de los créditos financiados con Reservas Internacionales del BCB se destinó a 14 empresas actualmente inviables.
  • Esta estrategia aceleró la pérdida de solvencia del Estado.
  • Contribuyó a un déficit fiscal que en 2024 alcanzó el 10% del PIB.

Los números del fracaso: El costo de oportunidad de estas inversiones fallidas es uno de los puntos más sensibles del diagnóstico oficial.

  • Con los recursos dilapidados se habrían podido construir unos 30 hospitales de cuarto nivel.
  • O pavimentar hasta 5.000 kilómetros de carreteras.
  • O perforar 30 pozos exploratorios de gas, clave para la seguridad energética.
  • La corrupción y mala gestión representaron hasta 6,3% del PIB anual: unos 3.000 millones de dólares.

Proyectos emblemáticos del despilfarro: Casos representativos ilustran el patrón de inversión sin planificación técnica que caracterizó el modelo.

  • Planta de Urea y Amoniaco de Bulo Bulo: Inversión de 953 millones de dólares, pérdidas de hasta 800.000 dólares diarios en ciertos periodos.
  • Ingenio Azucarero San Buenaventura: Opera al 30% de capacidad con pérdidas acumuladas superiores a 228 millones de bolivianos, en quiebra técnica.
  • Planta de camélidos en Turco: Sobredimensionada ignorando la realidad productiva de la región.

Monumentalismo sin retorno: El despilfarro no se limitó al ámbito industrial, incluyendo grandes obras simbólicas sin impacto económico ni social.

  • Museo de Orinoca: 49 millones de bolivianos, permanece prácticamente vacío mientras la población local carece de servicios básicos.
  • Sede de Unasur en Cochabamba: Más de 500 millones de bolivianos, convertida en monumento al colapso de un proyecto regional sin actividad diplomática real.
  • Aeropuertos regionales: Terminales como Chimoré, Ixiamas o Copacabana generan déficits crónicos o permanecen cerradas pese a inversiones millonarias.

Transparencia y auditorías: El ministro de la Presidencia José Luis Lupo y el director de OFEP Pablo Camacho lideran auditorías que buscan identificar responsabilidades y definir el futuro de las empresas públicas.

  • Al menos cinco entidades se encuentran en quiebra técnica y son candidatas al cierre o liquidación.
  • Otras deberán ser reestructuradas o abiertas a alianzas público-privadas.

El costo social: La priorización de obras de prestigio sobre salud, educación y servicios básicos profundizó brechas de desarrollo y erosionó la confianza ciudadana en las instituciones.

Qué sigue: El Gobierno de Paz sostiene que el Estado ya no puede seguir financiando empresas inviables. 

  • La estrategia apunta a transparentar estados financieros, cerrar entidades sin futuro económico y redirigir recursos hacia sectores clave como salud, educación y estabilidad macroeconómica.
  • Se plantea avanzar en alianzas público-privadas para rescatar activos estratégicos bajo criterios técnicos y de mercado.

La conclusión: El colapso del modelo de industrialización estatal deja una lección costosa: la grandeza no se mide en metros de cemento, sino en resultados reales para la población.

  • Bolivia enfrenta el desafío de reconstruir su economía sobre bases de responsabilidad fiscal para que los elefantes blancos del pasado no sigan hipotecando su futuro.

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