Ilustración El Post.

Un Superniño a la vista: ¿Bolivia está preparada?

Lo esencial: Investigaciones científicas internacionales advierten que existe entre 15% y 25% de probabilidad de que en 2026 se desarrolle un “Superniño”, un fenómeno climático extremo que incluye a Bolivia en su radio de impacto, pero el país aún no muestra señales claras de estar preparado.

Por qué importa: Un Superniño podría generar estrés hídrico estructural en ciudades como La Paz, El Alto y Cochabamba, superando incluso la crisis de agua de 2016 debido al crecimiento poblacional y la mayor demanda actual.

  • El sector agrícola sería el más golpeado, seguido por la ganadería y el sector energético, dada la dependencia boliviana de las hidroeléctricas.

Panorama general: El fenómeno de El Niño es un calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial que altera los patrones climáticos mundiales; la diferencia con el “Superniño” radica en la intensidad: mientras un Niño normal presenta anomalías de +0.5 °C a +1.5 °C, el Superniño supera los +2.0 °C de forma sostenida durante meses.

  • No tiene periodicidad fija, aunque suele aparecer cada 2 a 7 años; los eventos extremos son mucho más raros y ocurren en intervalos irregulares.
  • Sus características incluyen el debilitamiento de los vientos alisios, el desplazamiento de las lluvias hacia el Pacífico central y una reorganización atmosférica a escala planetaria.

Impactos regionales: Los efectos en Bolivia se distribuirían de manera diferenciada según la zona geográfica.

  • Occidente (altiplano y valles altos): sequías severas y reducción crítica de lluvias, afectando cultivos de papa y quinua, además de reducir la recarga de represas.
  • Oriente y Amazonía (Santa Cruz, Beni, Pando): calor extremo combinado con sequías prolongadas, elevando drásticamente el riesgo de incendios forestales masivos y afectando la producción de soya, maíz y caña.
  • Valles: alta irregularidad en las lluvias, comprometiendo los calendarios agrícolas.

Los números: Los modelos climáticos estiman entre 50% y 62% de probabilidad de que se desarrolle El Niño este año, con un riesgo de 15% a 25% de que alcance categoría de Superniño.

  • A nivel mundial, se prevé que 2027 sea un año de temperaturas récord.
  • Bolivia ya sufrió el histórico Superniño de 1997-1998, considerado el más fuerte, y el Niño “muy fuerte” de 2015-2016.

El antecedente clave: En 1997 y 2016, el Estado boliviano actuó principalmente distribuyendo ayuda (cisternas, alimentos) una vez que el desastre ya había ocurrido, evidenciando un enfoque reactivo que persiste hasta hoy.

  • Actualmente Bolivia cuenta con mejores herramientas de monitoreo como el SENAMHI y mayor conciencia que en 1997, pero no ha transitado hacia medidas preventivas estructurales.

El plan necesario: Expertos señalan que el país debe implementar medidas preventivas estructurales para enfrentar el fenómeno.

  • Construcción de microrrepresas y sistemas de cosecha de agua.
  • Tecnificación del riego y uso de semillas resistentes a la sequía.
  • Planificación urbana resiliente para reducir pérdidas en las redes de agua y prevención estructural de incendios.

Qué sigue: El factor clave será superar la “barrera de primavera” entre marzo y junio, periodo en el que los modelos climáticos ganan precisión. La aparición de ondas Kelvin y cambios en los vientos alisios confirmarán si Bolivia enfrenta un Niño moderado o el temido Superniño.

Otras Noticias