Los Moyano: tres generaciones en los cielos de la aviación boliviana
Lo esencial: La familia Moyano Aguirre, de Cochabamba, representa tres generaciones de pilotos que han marcado la historia de la aviación civil boliviana, desde los vuelos de YPFB hasta las rutas internacionales, un legado que hoy enluta al sector tras la muerte del piloto Carlos Fernando Moyano Aguirre el 13 de abril.
Por qué importa: La trayectoria de los Moyano ilustra cómo una vocación puede convertirse en legado compartido, uniendo generaciones alrededor de una misma pasión y dejando huella en aerolíneas estatales, comerciales, privadas y misiones humanitarias del país.
- Su historia atraviesa instituciones emblemáticas como YPFB, el Lloyd Aéreo Boliviano, Aerosur, Boliviana de Aviación y la Dirección General de Aeronáutica Civil, reflejando las distintas etapas de la aviación boliviana.
El origen: Alberto Moyano Gonzales, patriarca de la familia, fue piloto de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos en la década de los 50, una época en que la aviación era clave para conectar territorios remotos y sostener la actividad hidrocarburífera.
- Operó aeronaves ligeras como la Cessna 180 —entre ellas la de matrícula CP-603—, los antiguos DC-3 y aviones turbo hélice, cumpliendo tareas de transporte y apoyo a la exploración en zonas de difícil acceso.
- Su trabajo exigía pericia técnica y capacidad de adaptación a condiciones geográficas complejas, donde volar era muchas veces la única forma de conexión.
Los hermanos pilotos: De los seis hijos de don Alberto, los hermanos Moyano Aguirre —Rosario, Luis, Carlos, Gonzalo, Roberto y Cecilia—, tres se convirtieron en pilotos, representando distintas dimensiones de la aviación boliviana.
- Luis Moyano Aguirre siguió los pasos de su padre en YPFB, luego se incorporó al Lloyd Aéreo Boliviano en 1986 donde alcanzó el rango de comandante, pasó por Ecojet y hoy, retirado de la aviación comercial, vuela como piloto de ambulancia aérea en la ONG Mano a Mano.
- Gonzalo Moyano Aguirre también pasó por el LAB, proyectó su carrera en Copa Airlines y actualmente se desempeña en la Dirección General de Aeronáutica Civil, contribuyendo al desarrollo del sistema aeronáutico boliviano desde el ámbito técnico y normativo.
- Carlos Fernando Moyano Aguirre se formó en la Fuerza Aérea Boliviana antes de dar el salto al sector civil, alcanzó el nivel más alto de certificación en aviación comercial y llegó a ser jefe de pilotos de Aerosur, responsable de la gestión de tripulaciones.
El accidente: El lunes 13 de abril de 2026, Carlos Fernando perdió la vida junto al copiloto Julio César Sardán Villarroel cuando la aeronave privada CP-3243, en vuelo de retorno desde La Paz hacia Santa Cruz, perdió contacto con la torre de control apenas 16 minutos después del despegue.
- Según reportes oficiales, el avión continuó en radar realizando maniobras irregulares en el norte de Cochabamba antes de desaparecer cerca de las 11:00, y horas después los equipos de búsqueda confirmaron el impacto en una zona boscosa de difícil acceso sin sobrevivientes.
- Las primeras hipótesis apuntan a una posible falla de presurización en cabina que habría provocado la pérdida de conciencia de los pilotos, dejando a la aeronave bajo control automático durante varios minutos, aunque las causas continúan bajo investigación.
La tercera generación: El apellido Moyano sigue presente en los cielos con tres nietos de don Alberto que han continuado la tradición familiar.
- Juan Pablo Moyano Bohrt, hijo de Carlos, es piloto en Etihad Airways en Abu Dabi y antes voló en el LAB, AeroSur, LAN, Qatar Airways y Gulf Air.
- Luis Moyano Peña, hijo de Luis, vuela en Boliviana de Aviación, manteniendo la presencia del apellido en la aerolínea estatal.
- Thaís Moyano García, hija de Gonzalo, también es piloto, mientras su entorno familiar continúa ligado a la aviación internacional.
Qué dicen: Gonzalo Peinado, amigo, en contacto con El Post, recordó a la familia con emotivas palabras que reflejan décadas de vínculos en la aviación boliviana.
- “Una gran familia de tradición aeronáutica a la que conozco desde que era niño cuando nuestros padres volaban en YPFB”, afirmó Peinado.
- “Con el pasar de los años la vida me llevó a compartir muchas horas en las cabinas de vuelo con don Alberto, Luis y Gonzalo”, agregó.
- “Más adelante, mi hijo también estaría vinculado a la familia Moyano con Luis y Juan Pablo en la escuela de aviación y luego con Carlos en Aerosur. Carlan fue una gran persona, un buen amigo, despojado de egoísmos, con un amplio espíritu de cooperación, siempre dispuesto a ayudar a los jóvenes aviadores en su anhelo de lograr sus metas”, recordó.
- “Que Dios lo tenga en su gloria como a todos aquellos que siempre creyeron que el cielo no tiene límites”, concluyó Peinado.
Más allá de la cabina: Las mujeres de la familia también reflejan, desde otros ámbitos, una conexión con el cielo y el conocimiento: Rosario Moyano Aguirre es astrónoma y ha explorado el universo desde la ciencia, mientras que Cecilia Moyano de Krutzfeldt ha desarrollado su carrera como corredora de seguros.
- Roberto Moyano Aguirre, el único de los hermanos que no se dedicó a la aviación, optó por la agronomía y falleció hace seis años.
- La familia comparte otra pasión: el ciclismo, una afición que ha unido a generaciones y que, al igual que la aviación, habla de disciplina, resistencia y espíritu de equipo.
La conclusión: La familia Moyano Aguirre es reconocida en Cochabamba y en el ámbito aeronáutico boliviano no solo por su trayectoria profesional, sino también por su calidad humana.
- Hoy, mientras el país despide a uno de sus integrantes, su historia vuelve a poner en evidencia cómo la aviación puede convertirse en un legado compartido, capaz de unir generaciones enteras alrededor de una misma pasión: volar.





