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Malas noticias del BM: este año será peor que 2025 y la recuperación aún está lejos

Lo esencial: El Banco Mundial proyecta que Bolivia sufrirá este año su peor contracción de la década, con una caída del PIB de -3,2%, profundizando el retroceso de -2,1% registrado en 2025.

Por qué importa: El leve crecimiento de +4% proyectado para 2027 no representa una mejora real, sino un “efecto rebote” estadístico causado por partir de una base muy baja.

  • Este diagnóstico coincide con los informes del FMI y la CEPAL, lo que fortalece la versión de que Bolivia enfrenta un periodo prolongado de debilidad y deberá esperar bastante para una recuperación genuina.

Crecimiento económico de Bolivia (PIB real)

Variación anual del Producto Interno Bruto · 2015–2027 (incluye proyecciones)

Fuente: Banco Mundial · FMI · Worldometer · CountryEconomy
+4,9%
Pico histórico
2015
−8,7%
Caída COVID-19
2020
−3,2%
Mínimo proyectado
2026 (BM)
+4,0%
Rebote esperado
2027 (BM)
PIB real (datos históricos)
Proyección BM
Contracción
Crecimiento
Proyectado
📊 Bonanza 2015–2018
Bolivia mantuvo tasas de crecimiento superiores al 4%, entre las más altas de la región, impulsadas por exportaciones de gas y gasto público.
🔴 Shock COVID-19 (2020)
La pandemia provocó la mayor contracción registrada: −8,7%, golpeando fuertemente al sector informal y a las exportaciones.
✅ Recuperación 2021–2023
El rebote post-pandemia alcanzó +6,1% en 2021, aunque la recuperación fue perdiendo fuerza hasta estabilizarse en +3,1% en 2023.
⚠️ Desaceleración 2024–2026
La economía entra en terreno negativo: +0,7% en 2024, −2,1% en 2025 y una proyección de −3,2% para 2026, según el Banco Mundial.

Las razones de la crisis: La contracción y el largo camino hacia la recuperación se explican por factores estructurales que frenan cualquier mejora sostenida.

  • El modelo basado en alto gasto público, inversiones estatales y subsidios generalizados ha llegado a su límite debido a severas restricciones fiscales.
  • La crisis estructural de dólares frena la importación de insumos esenciales, encarece costos y detiene la inversión privada, deprimiendo toda la actividad productiva.
  • Los hidrocarburos y la minería tradicional muestran una caída irreversible en producción y exportación, mientras la prometida recuperación con el litio aún está en un futuro distante.
  • La inversión privada es limitada debido a la rigidez regulatoria y falta de seguridad jurídica, lo que impide la creación de empleos y la diversificación.
  • Bolivia está pagando el costo de ajustes en subvenciones y tipo de cambio que otros países ya absorbieron, lo que resulta contractivo en el corto plazo.

Qué se necesita para la recuperación real: Expertos y organismos internacionales coinciden en que son necesarias reformas profundas para transformar el rebote estadístico en crecimiento sólido.

  • Normalizar el acceso al dólar y cerrar acuerdos de financiamiento externo con organismos multilaterales para recuperar la liquidez.
  • Crear reglas claras y predecibles que atraigan capitales, permitiendo la repatriación de utilidades y reduciendo trámites burocráticos.
  • Fomentar sectores con valor agregado como la agroindustria, la minería moderna y el turismo para reducir la dependencia de materias primas tradicionales.
  • Reducir el déficit público y controlar la inflación para recuperar la confianza de los mercados internacionales y los consumidores internos.

Qué dicen: Los economistas bolivianos refuerzan la visión de cautela sobre el panorama económico.

  • “Es probable que la brecha cambiaria persista o incluso se amplíe” sin medidas de fondo para corregir los desequilibrios externos, advierte Claudia Pacheco, del Colegio de Economistas de Santa Cruz.
  • El economista Fernando Romero señala que el país podría dirigirse hacia una “estanflación”, combinando crecimiento débil con alta inflación.
  • El analista Omar Velasco afirma que Bolivia entra en una etapa de “recesión con elevada inflación y desempleo”.

Qué sigue: Se espera que continúe la presión sobre las reservas internacionales y que el impacto de los cambios en precios de sectores clave, como los combustibles, comience a sentirse con mayor fuerza en la canasta familiar. La duración del ciclo crítico dependerá de la celeridad con la que el Gobierno implemente reformas.

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