Bolivia en “alargue”: el ocaso del presidencialismo y el giro hacia la política de pactos
Lo esencial: Bolivia atraviesa una transición hacia una reconfiguración estructural del poder, dejando atrás las hegemonías absolutas para ingresar a una etapa de fragmentación política donde la gestión técnica y los acuerdos se vuelven indispensables para gobernar.
Por qué importa: El cambio implica que los futuros ganadores electorales ya no serán mayorías sólidas, sino minorías obligadas a pactar, lo que transforma las reglas del juego político para partidos, candidatos y ciudadanos.
- La capacidad de gestión desplaza al voto identitario como principal factor de legitimidad, redefiniendo qué se exige a quienes aspiran al poder.
El diagnóstico: Los analistas Yerko Ilijic y Diego Ayo identifican transformaciones profundas en el sistema político boliviano.
- Ilijic describe el momento actual como un “alargue injusto” que prolonga la confrontación política e impide cerrar ciclos institucionales frente a una crisis económica urgente.
- Ayo identifica un “triple cambio fabuloso”: ganadores minoritarios obligados a pactar, declive del voto identitario frente a la evaluación de resultados, y escasez de recursos que empuja a creatividad financiera inédita.
- Ayo sintetiza el viraje: “la gestión es el grandote de la pareja” en el matrimonio entre identidad y administración.
El antecedente clave: El modelo de “presidencialismo imperial” ha quedado atrás, según Ayo. En su lugar se impone la necesidad de un “presidente puente”: un líder consciente de sus límites, sin control absoluto del Parlamento ni de las regiones.
- Su fortaleza radica en su capacidad de diálogo y articulación.
Sí, pero: El tránsito hacia una política de pactos enfrenta limitaciones estructurales.
- Ilijic advierte que muchas organizaciones políticas funcionan hoy como “cascarones ficticios”, sin cuadros técnicos, meritocracia ni marcos ideológicos capaces de responder a desafíos contemporáneos como la inclusión urbana o la justicia climática.
Las propuestas: Ambos analistas plantean caminos concretos para la nueva etapa política.
- Ilijic señala la emergencia de “brokers regionales” o caudillos locales capaces de tender puentes entre lo urbano y lo rural, negociar intereses y reducir tensiones históricas.
- Ayo rescata la propuesta del “50/50” de Rodrigo Paz con aplicación gradual: transferencias de recursos del nivel central hacia las regiones —entre 3% y 5% anual— sujetas a criterios de eficiencia administrativa y capacidad de atraer inversión.
- Ilijic plantea que el Estado debe abandonar la lógica de “dueño de la plata” y asumir un rol más técnico, cercano al de un “contador auditor”, reconociendo que la riqueza se genera en las regiones.
La conclusión: Bolivia enfrenta una disyuntiva clave: persistir en el bloqueo institucional o avanzar hacia una democracia basada en acuerdos.
- Ayo concluye que el pacto —aunque muchas veces visto con recelo— es la única vía viable para sostener la gobernabilidad, donde la gestión deje de ser un complemento y pase a convertirse en la nueva ideología dominante.
