Más que un resultado: la generación que volvió a creer en la “Verde”
Lo esencial: Una generación de jóvenes bolivianos de entre 20 y 25 años vivió por primera vez la posibilidad real de ver a su selección clasificar a un Mundial, 32 años después de la última participación en Estados Unidos 1994.
Por qué importa: Para millones de bolivianos que eran niños o no habían nacido en 1994, el Mundial dejó de ser solo una historia contada por padres y abuelos.
- El proceso generó un sentimiento de identidad colectiva y pertenencia que, según los testimonios recogidos, no se veía en décadas respecto al fútbol nacional.
Panorama general: Una encuesta exploratoria y un focus group con más de diez jóvenes bolivianos —residentes en distintas ciudades del país y en el exterior— revela cómo esta generación experimentó la campaña clasificatoria.
- Los participantes incluyeron tanto aficionados habituales como personas que antes no seguían el fútbol, lo que evidencia el alcance del fenómeno más allá de los seguidores tradicionales.
- La experiencia también movilizó a la diáspora boliviana, particularmente en México, donde jóvenes viajaron desde de todo el mundo para asistir al partido en Monterrey.
Los números: Bolivia tiene actualmente una población cercana a los 12,7 millones de habitantes y una edad media de aproximadamente 25,5 años, según datos de Naciones Unidas compilados por Worldometer.
Qué dicen: Los testimonios reflejan un cambio emocional respecto a lo que esta generación estaba acostumbrada a ver de la selección.
- “Ha sido algo totalmente nuevo para mí, porque nunca había vivido un momento así con la selección boliviana. Se siente diferente, hay más emoción y más esperanza”, afirmó Alexis Hinojosa, joven universitaria de 22 años.
- “Hace mucho tiempo la selección no peleaba por entrar a un Mundial. Estar a un partido de lograrlo se siente gratificante, sabiendo lo complicado que es para el fútbol boliviano”, señaló Enzo Rojas, ingeniero de 25 años de Cochabamba.
- “Escuchar el himno, ver tantas banderas y tantos bolivianos juntos fue una emoción muy fuerte. Incluso se me salieron las lágrimas”, relató Micaela Requena, estudiante de 22 años residente en Monterrey.
Sí, pero: Otros jóvenes mantienen una mirada crítica.
- “A pesar de que me gusta mucho el fútbol, no me siento conectado con la selección actual por cómo se manejan algunas decisiones. El fútbol es una pasión, no debería convertirse solo en un negocio”, explicó Pedro Claure, aficionado de 25 años.
Entre líneas: El proceso atrajo a personas que antes no seguían el deporte. Montserrat, de 22 años de La Paz, asegura que nunca había logrado ver un partido completo hasta el de Bolivia contra Irak, lo que sugiere que el impacto trascendió a la afición tradicional.
La conclusión: Aunque la clasificación no se concretó tras la derrota ante Irak, el proceso dejó una marca generacional: por primera vez, miles de jóvenes bolivianos sintieron que la historia del fútbol nacional también les pertenecía y que Bolivia puede volver a competir y soñar.
