Martes de ch’alla moviliza rituales, reafirma tradición ancestral y cierra el Carnaval
Lo esencial: El martes de Ch’alla se celebra hoy como una de las principales tradiciones culturales del cierre del Carnaval, con quema de mesas rituales, adornos con serpentinas y bendición de viviendas, negocios y vehículos, con fuerte presencia en el occidente del país y creciente práctica en zonas urbanas y rurales.
Por qué importa: La jornada combina tradición ancestral, identidad social y prácticas contemporáneas, manteniendo un fuerte contenido espiritual y social más allá del componente festivo del Carnaval, y consolidándose como una de las expresiones culturales más extendidas del país.
Los hechos: En ciudades como La Paz, familias iniciaron temprano los rituales de ofrenda, que incluyen el rociado de alcohol, cerveza o vino sobre bienes materiales y la preparación de q’oas destinadas a agradecer y pedir prosperidad.
- Las q’oas incluyen dulces, lanas de colores, hojas de coca, frutas e incienso.
- Vecinos de barrios paceños encienden fogatas para quemar las ofrendas.
Impacto en actividades: La jornada provoca una paralización parcial de actividades en distintos sectores.
- Mercados, terminales y servicios de transporte reducen operaciones.
- Choferes realizan la ch’alla de sus movilidades y tradicionalmente se evita trabajar para prevenir accidentes.
- En centros comerciales y negocios, tras el ritual inicial, propietarios invitan a trabajadores y familiares a participar en la bendición colectiva, seguida por comida, bebidas y música.
Los números: En Cochabamba, comerciantes del mercado Calatayud ofertan mesas rituales con precios diferenciados según sus componentes.
- Desde 20 hasta 200 bolivianos.
- Las más completas incluyen sullus o fetos de llama, considerados ofrendas de alto valor simbólico dentro de la tradición.
Contexto: El término ch’alla proviene del aymara y significa “rociar”, en referencia al acto ceremonial de echar líquidos como gesto de bendición. El núcleo del ritual es la q’oa o mesa ceremonial, cuya composición simbólica representa deseos de estabilidad económica, salud, protección y bienestar familiar.
- Tras la quema, las cenizas deben enterrarse en la propiedad o guardarse con respeto para conservar la energía positiva de la ofrenda.
- La práctica tiene raíces prehispánicas vinculadas al antiguo calendario agrícola andino y a ceremonias del periodo de lluvias conocidas como anata.
- Estas ceremonias agradecían por las primeras cosechas y pedían protección para el ciclo productivo, bajo una lógica de reciprocidad con la naturaleza.
- Con la colonización española, se fusionaron con el Carnaval europeo y el calendario cristiano, consolidándose el martes de ch’alla como acto final previo a la Cuaresma.
Expansión urbana: Aunque históricamente estuvo más arraigada en el altiplano occidental, la migración interna extendió la práctica a distintas regiones del país.
- Actualmente se realiza en terrenos agrícolas, viviendas urbanas, oficinas públicas, empresas, talleres, minas, mercados y vehículos.
- La ceremonia suele desarrollarse de forma colectiva, acompañada por música, baile y comidas compartidas, reforzando vínculos familiares y comunitarios.
La conclusión: El martes de ch’alla continúa consolidándose como una de las principales tradiciones culturales del país, articulando herencia prehispánica, fusión colonial y adaptación a la vida contemporánea.
